Fichaje bomba o juego de pizarrón en el bajio

CAPITALGTO

Fermín Cuchillo

2/12/20262 min read

La política mexicana se parece cada vez más al fútbol moderno, pero no al de barrio, sino al de escritorio, al del mercado de verano, al de los representantes que filtran rumores para subir el precio del jugador. El caso de Alejandra Gutiérrez, alcaldesa de León, y sus diferencias con el PAN encaja perfecto en esa lógica. No porque ella ya haya cambiado de camiseta (aun) sino porque el simple reconocimiento público de Jorge Álvarez Máynez, dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, como posible candidata a la gubernatura de Guanajuato, activó todas las alarmas del vestidor blanquiazul.

Durante años se nos vendió la idea de que cambiar de partido era una traición ideológica, un pecado capital, pero hoy parece más bien una herramienta de negociación, no necesariamente para irse, para quedarse mejor posicionado. Más minutos en la cancha, más control del balón, más garantías de titularidad rumbo al siguiente torneo electoral.

El guiño de Movimiento Ciudadano a Alejandra Gutiérrez no es casual ni inocente. Es una jugada de pizarrón. Máynez sabe que Guanajuato es territorio históricamente panista, pero también sabe que hay desgaste, fracturas internas y jugadores que sienten que no los alinean como merecen. Lanzar el nombre de la alcaldesa de León como posible refuerzo naranja no solo manda un mensaje hacia afuera, también sacude la banca interna del PAN.

En este contexto, las diferencias de Alejandra Gutiérrez con el PAN se leen como un conflicto interno de vestidor, falta de reconocimiento, tensiones por el liderazgo, disputas por la candidatura mayor y cuando el club no resuelve esas tensiones, otros aprovechan para asomarse con el talonario en la mano, aunque sea simbólico.

No es que Movimiento Ciudadano tenga garantizado un fichaje estrella en Guanajuato, es que entiende el medio, entiende que, en política, como en el fútbol, los rumores también juegan, desgastan al rival, generan conversación y veces ni siquiera importa cerrar la transferencia, basta con que el nombre aparezca en la lista de posibles refuerzos.

El problema es lo que queda para el aficionado, para el ciudadano. Mientras los jugadores negocian, el debate de fondo se va a la banca. ¿Qué proyecto de estado se quiere para Guanajuato? ¿qué modelo de desarrollo, de seguridad, de justicia social? esas preguntas quedan relegadas mientras seguimos el drama del mercado político.

No se trata de moralizar ni de rasgarse las vestiduras, la política siempre ha tenido cálculo. Lo nuevo es lo descarado del juego, el cambio de camiseta ya no se justifica con grandes rupturas ideológicas, sino con oportunidades, con encuestas o con escenarios más rentables.

Al final, Guanajuato no necesita un fichaje bomba. Necesita un proyecto claro. Y mientras la política siga funcionando como mercado de verano, seguiremos confundiendo espectáculo con rumbo, transferencias con convicciones y goles mediáticos con soluciones reales.