Morena ante la prueba del 8M en Guanajuato
CAPITALGTO
Fermín Cuchillo
3/4/20262 min read


A días del 8M, cuando abundan las consignas violetas, en Morena de Guanajuato, se topó con su propio espejo.
Lo que vio no fue sororidad, sino facciones.
La exclusión de la alcaldesa de Villagrán, Cinthia Teniente, de una reunión entre la gobernadora y los alcaldes morenistas no fue un malentendido logístico.
Denunció que no fue convocada y habló de “alcaldes machos”. Después vino la palabra que pesa, "violencia política de género". Senadoras y diputadas cerraron filas con ella. El mensaje fue claro: excluir a la única alcaldesa no es un detalle menor.
La pregunta incómoda es qué tan saludable es que un conflicto interno escale así en plena antesala del 8M.
Morena ha construido buena parte de su narrativa en torno a la igualdad y la paridad.
Si dentro de sus filas se normaliza el aislamiento de una alcaldesa, el golpe es directo a su credibilidad.
El silencio de los alcaldes asistentes huele a pacto, aunque nadie lo admita.
En el plano político, Morena es oposición frente a un PAN que gobierna desde hace décadas. La reunión con la gobernadora era oportunidad para mostrar coordinación, en cambio, exhibió divisiones.
La gobernadora reaccionó rápido (mejor que los alcaldes) anunció reunión directa con Teniente y proyectó institucionalidad. Morena, fractura.
Visibilizar la violencia política de género es un avance democrático. Pero usar esa etiqueta como arma facciosa contamina el debate y debilita la causa. El riesgo para Morena es doble, predicar igualdad hacia afuera y reproducir viejas prácticas hacia adentro, además de mostrar alcaldes más ocupados en aislarse que en coordinar proyectos.
A días del 8M, el mensaje debería ser contundente, ninguna mujer en política debe ser marginada y también claro, el feminismo no es bandera selectiva.
Lo que está en juego no es solo la imagen de un partido, sino la confianza en que la política local pueda superar el tribalismo interno.
Guanajuato enfrenta problemas serios; la coordinación no es un lujo, es una necesidad.
El 8 de marzo no es fecha para discursos huecos, es prueba de coherencia. Morena debe decidir si quiere ser referente de transformación también en sus prácticas internas o seguir atrapado en la lógica de los bloques masculinos que dice combatir.
